Rat Pack.

Rat Pack

Jack Daniel´s on the rocks.

Manual de instrucciones: Abre Spotify. Teclea Sinatra. Random. Si fumas, es el momento. Si bebes, saca los hielos.
Vamos a hablar de Cine.

Principios de los 50, esta es la escena: un grupo de borrachos camina tambaleándose por Las Vegas. Entre ellos: Bogart, Sinatra, David Niven… Probablemente, Katharine Hepburn, Spencer Tracy, George Cukor… De repente una mujer con los brazos en jarra y una voz iluminada por luces de neón, al ver venir semejante tropa, apunta: “You look like a goddamn rat pack”

Esa mujer es Lauren Bacall.

Ha nacido el “Rat Pack”.

A partir de ahí la historia es más o menos conocida. Las estrellas más fulgurantes del Hollywood de la época montando una pandilla. Abriendo cines y cerrando bares, a golpe de dólar y fama, divisas de curso legal en el más que asentado mercado de starlettes. Un grupo que sí repartía carnets beautifulismo. Excesos y decadencia en un Hollywood de vino y rosas. Y mucha leyenda urbana, como debe ser. Siempre se habló de ríos de alcohol, bacanales de toda índole, de que en muchas actuaciones aparecían completamente bebidos, o que Dean Martin era una destilería andante. Sin embargo, en los últimos años una ola revisionista nos quiere echar abajo el mito. Que si Dean no bebía y sólo mantenía su característico vaso con licor a modo de pose (blasfemos incluso apuntan a que su Jack Daniel´s era zumo de manzana) que si fingían estar borrachos, trucos de marketing… Patrañas.

El “Rat Pack” originario, como toda pandilla que se precie y tenga a gala el serlo, contaba con diversos rangos. Así, Sinatra era el “pack master”, Garland “first vice-president”, Bacall “den mother”, Sid Luft “cage master”, Bogart “rat in charge of public relations”, Swifty Lazar “recording secretary and treasurer”, Nathaniel Benchley “historian”… A esos cargos, había que añadir una buena patulea de “ratas rasas”: David Niven, Katharine Hepburn, Spencer Tracy, George Cukor, Cary Grant, Rex Harrison, y Jimmy Van Heusen…

Su centro de operaciones era “Holmby Hills”, el famoso barrio al que Sunset Boulevard abre en canal y que linda con Beverly Hills al este y Bel Air al norte. El escondrijo clásico, la casa de una de las parejas de moda: Bogart y su “Flaca”(Slim). Bogart y Bacall se conocieron durante el rodaje de “To have or have not”(1944) La química fue tal (sólo hay que estar atento a la celebérrima escena del “silbidito”) que incluso se mandaron rodar nuevas escenas (con la más que evidente carga erótica que la época permitía y consentía) aprovechando el tirón mediático de la pareja. Pero eso es otra historia…

Parejas aparte, lo cierto es que, probablemente, el “Rat Pack” más conocido sea el de los años 60: Frank Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis, Jr., Joey Bishop, y Peter Lawford (cuñado de John F. Kennedy)… Es la década de las actuaciones en Las Vegas y la gente durmiendo en coches para conseguir entradas, al institucionalizarse la costumbre de que, en sus actuaciones individuales, normalmente acudieran los otros miembros de la banda por sorpresa, lo cual desembocaba la mayoría de las veces en actuaciones esperpénticas, aunque, eso sí, perfectamente estudiadas. Se hizo clásico que los carteles de muchos Casinos y Hoteles empezaran a poner el nombre del artista en cuestión, que formalmente actuaba, y un “AND MAYBE” para el resto de personajes. Y ese MAYBE a fe que se cumplía.

¿Y qué sería de Las Vegas sin la Mafia? Exclusiva: NADA. Con el control que ésta ejercía sobre la práctica totalidad de Casinos, Hoteles, Salas… Las Vegas se amamantó de dinero sucio desde sus orígenes, creció y se hizo mujer. Mucho se ha especulado sobre las relaciones del “Rat Pack” con ella, especialmente de Sinatra (no hay más que ver “El Padrino”) quién se vio obligado incluso a declarar en una comisión de la Cámara de Representantes en 1.972. Vox populi era la amistad que Frankie mantenía con Sam Giancana, conocido mafioso del “establishment” al que incluso Joe Pesci interpretó en “The Good Sepherd” (2.006) bajo el nombre de “Joseph Palmi”.

Y eso es todo, aquí se acaba mi copa y espero que también la tuya. Sólo quería presentártelos. Un apretón de manos en la barra del bar. Punto. El Hollywood sobre el que gravitan todos estos personajes da para más de una centena de un posts y, probablemente, para un autor más capacitado que el que suscribe. Se hará lo que se pueda.

Esta copa la paga @JesusSalido.

P.D: Todos a estas alturas sabréis que la famosa “Ocean´s Eleven” es un remake de la película del mismo título de 1.960 en la que, los protagonistas, eran miembros de… ¿adivináis? Exacto.

Del Rat Pack.

*Artículo originalmente publicado para comunidadtwittera.blogspot.com

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El día que Hamlet montó en Harley.

“[...] has de saber, noble joven, que la serpiente que mordió la vida de tu padre, lleva ahora su corona

Espectro a Hamlet. Acto primero, escena V.

Hoy el noble Hamlet se llama Jax Teller y cabalga a lomos de una Harley Davidson Dyna Glide.

Harleys. Muchas Harleys.

Sí, hablo de “Sons of Anarchy”. Con toda seguridad la serie más infravalorada por público (¿punto a favor?) y tal vez, crítica de los últimos años. Un apéndice perfecto a “The Sopranos” que guardar en esa repisa de la biblioteca que siempre nos queda tan baja algunos y tan alta a otros: condición humana.

Traición. Honor. Venganza. Sabor a antiguos códigos. Olor a chupas de cuero.

Fuck yeah.

De Boardwalk Empire ya habrá tiempo de hablar, ¿no?

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La última frontera.

Un tren que llega. Un tren que se aleja. Así empieza y acaba El Hombre que mató a Liberty Valance. Probablemente el mejor epílogo jamás realizado a la totalidad de un género en la historia del Cine. No lo es cronológicamente, ni siquiera en la filmografía de John Ford, pero sabe a punto y final. A apretón de manos, toque en el sombrero y gracias por los servicios prestados.

Stewart, Ford y Wayne.

¿Qué es El Hombre que mató a Liberty Valance en dos palabras? John Ford. Puro y duro. Así que ya sabemos a que atenernos: Planos sin diálogos pero que hablan, que son historias en sí mismas con planteamiento, nudo y desenlace. Miradas que serían veinte líneas de un buen guionista. O treinta. Porque John Ford es visual, heredero de esa vieja escuela curtida en el cine mudo. Es poesía sin amaneramientos, dura y estricta. De metáfora espartana. Es el hombre que convierte un quicio de una puerta en El quicio de todas las puertas *.

Con un John Wayne a la altura de un papel tremendamente complejo (tanto o más que en Centauros). Escoltado por un cumplidor James Stewart y el siempre carismático Lee Marvin, cabe destacar la actuación de todos los secundarios que arropan una trama que en todo momento se mantiene viva, entre otras cosas porque no hay una. Para mi, Liberty Valance no es el Western. Son los Westerns.

Desnudaos de todo prejuicio contra el género. Sí, es un Western. Pero es el último. Es el pulso de la Ley del Este que poco a poco se irá imponiendo representada en los “Attorney at Law” contra los últimos estertores de un Oeste en declive que va recogiendo sus fronteras, personalizado magistralmente en las figuras de Tom Doniphon (John Wayne) y su antítesis Liberty Valance (Lee Marvin). Es una historia de amor. De redención. Del héroe que lo es cuando pierde y no cuando gana.

John Wayne es Tom Doniphon, pero podría llamarse Rick Blaine.

Aquí, como en Casablanca, todo huele a última frontera.

* Alusión a la famosa escena de Centauros del Desierto.

Escrito originalmente para http://cinect.blogspot.com/

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Rick Blaine.

Rick Blaine. Ese tipo al que, según pude escucharle a Garci, parece que “todo le ha pasado la noche anterior”. Siempre con las decisiones tomadas. La mirada de Bogart, es un continuo travelling al vacio propia de esa clase de tipos decepcionados e irrecuperables.

Rick es el tipo duro cincelado a golpe de cinismo. Es ese héroe. Ese perdedor.  Sí, amigos, pero de la vieja escuela, no me jodan. De los que saben que a estas alturas no van a cambiar nada, (¿o sí?) juegan solos al ajedrez y tienen amigos como el Capitán Renault. De esos que saben ubicar en el recuerdo en que momento exacto perdieron la sonrisa.

Mítica la escena del aeródromo que redondea al personaje dónde Rick se redime, elige y renuncia. Durante el rodaje, ni siquiera los guionistas sabían cuál sería el desenlace. Me cuesta creerlo porque ese final llevaba escrito desde siempre, entre otras cosas por algo muy simple.

Es el único posible.

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Los “Estupendos” I – antifútbol.

Cansadito me tenéis culturetas de salón, pose y artificio con vuestras miraditas por encima del hombro. Estupendez a las 20:30 cada cuatro años, cada dos… Cada mes de mayo. Supongo que abarrotáis los teatros cada vez que juega España, colapsáis “La Casa del Libro” pidiendo obras completas y reventáis la mesita de noche con Sartre. En la tele Truffaut. Claro.

Y que no se me malinterprete. Claro que el fútbol no tiene porqué gustar obligatoriamente. No van por ahí los tiros.

Visto en Twitter (@elcarty): “Decir que el fútbol es darle patadas a un balón es como decir que “El Quijote” es un kilo de papel y 200 gramos de tinta.”

No hay mucho más que añadir.

Sin acritud.

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Anatomía de un instante.

Sus ojos van y vienen. Se mueven rápidos, curiosos, intentando acaparar todo sin acaparar nada. Inocentes. Se diría que estrenan mirada. En cada parpadeo dos invisibles hilos levantan, cada uno por su lado y suavemente las orillas de sus labios a modo de improvisado telón .

Y entonces sucede: ella sonríe.

Sus pómulos se elevan, no demasiado, pero si lo justo para que sus ojos, se compriman y parezcan exprimir su brillo. Sus labios se tensan, sin perder su forma. Tal vez se arrugue su frente y ladeé ligeramente la cabeza. Su sonrisa les envuelve convirtiéndose en el centro de ese universo creado por dos cuerpos.

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Mad Men.

Mad Men.

Esa serie:

  1. Donde en su despacho cualquier chupatintas tiene una botella de Tanqueray.
  2. Donde se fuma a todas horas. Hombres y mujeres. No hay ministras, claro.
  3. Donde la estética es importante. Normalmente, todo.
  4. Donde los hombres son hombres. Con todas sus consecuencias.
  5. Y saben lo que beben. En la barra no piden. Ordenan.
  6. Donde las mujeres hieren (más) cuando callan. Y lo saben. Y lo sabemos. Y nos jodemos.
  7. Donde las amantes son más interesantes que las esposas. Naturalmente.
  8. Donde habita un tipo como Don Draper. Y te lo crees.

Ambientada en Nueva York. Años 60.

¿Ahora todo cuadra, no?

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